Para los hermanos franceses Thomas y Julien, más conocidos como Parallelle, el proceso creativo siempre se ha guiado por las sensaciones más que por las fórmulas. Su nuevo álbum, 11th Avenue, plasma esa filosofía a la perfección al combinar jazz, house y soul analógico con la precisión de las herramientas de producción modernas. Los momentos más destacados del proyecto surgieron de herramientas que fomentaban el movimiento, la imperfección y la fluidez. Esto es especialmente cierto en el caso de TRK-01 y Reaktor.
A la hora de producir temas como “Radio 101” y “Take You On A Ride”, el dúo recurrió intensamente a la profundidad modular y al carácter táctil de Reaktor para encontrar nuevas formas de fusionar su universo híbrido de diseño sonoro digital y calidez acústica. TRK-01 también les ayudó a dar forma a líneas de bajo que transmiten vida en lugar de sonar simplemente secuenciadas.
Salta a estas secciones:
- Capturar momentos reales en “Radio 101”
- Reconstruir presets para ganar pegada y fluidez
- Mantener la calidez dentro de los sistemas digitales
- Combinar la profundidad analógica con el tono digital
- Tratar el diseño de sonido como una interpretación
- Ampliar la libertad creativa a través de Reaktor
El resultado es una obra que se siente espontánea pero profundamente meditada, transmitiendo el pulso de una banda en directo dentro de la claridad de la precisión electrónica; veamos cómo lo hacen.
¿Cómo surgió la línea de bajo de “11th Avenue” y en qué momento decidisteis que TRK-01 sería el pilar?
La línea de bajo de “Radio 101” (del LP 11th Avenue) surgió en realidad de un momento muy auténtico: al volver a casa tras un largo fin de semana en Ibiza, en concreto tras un lunes en Circoloco. Ese bajo tech-house ondulante e hipnótico que mantiene la pista en movimiento durante horas no paraba de sonar en bucle en nuestra cabeza. Sabíamos que queríamos algo que capturara esa energía nocturna en estado puro: un patrón que al principio parece sencillo, pero que va ganando movimiento y tensión a medida que avanza la escucha.
TRK-01 se convirtió en el pilar muy rápidamente.
Nos atrae su particular combinación de contundencia de estilo analógico y modulación moderna, algo difícil de encontrar en una sola herramienta. Te ofrece esos graves rugosos y táctiles, pero también permite que el sonido viaje con un movimiento en constante evolución. Para nosotros, la línea de bajo tiene que sentirse viva, casi como otro miembro más del grupo, y TRK-01 permite exactamente eso. Nos dio la elasticidad y el carácter que necesitábamos para que el tema funcionara a la perfección en la discoteca y sonara inconfundiblemente a Parallelle.
¿Empezasteis a partir de un preset dentro de TRK-01 o creasteis el patch completamente desde cero?
En realidad partimos del preset Slappy porque ya transmite esa sensación de bajo tocado en directo, casi como un músico de sesión con un toque ligeramente impredecible. Era el punto de partida perfecto para el rollo que buscábamos: orgánico, expresivo y no demasiado rígido. Pero a partir de ahí reconstruimos el patch a fondo.

Cambiamos el motor al modo FM porque reacciona de forma más dinámica en una mezcla de discoteca. Para afilar el transitorio, pusimos el ataque a 0, lo que da al bajo esa pegada instantánea al principio de cada nota. Un decay de unos 350 ms mantiene el sonido definido y rítmico, y redujimos el sustain para conservar ese chasquido tipo slap. El resultado es un bajo que se siente humano y funky, pero que atraviesa cualquier sistema de sonido con la firmeza que se espera de la música de baile.
Vuestros temas siempre transmiten calidez y presencia física, incluso cuando se construyen en formato digital. ¿Cómo mantenéis esa cualidad táctil al trabajar con Reaktor?
Para nosotros, la calidez empieza en la forma de tocar, no solo en lo que usas. Incluso al disparar instrumentos digitales, siempre tocamos las partes en teclas MIDI contrapesadas, para que la velocidad y la pulsación varíen de forma natural. Nada está perfectamente cuantizado: dejamos ligeras imperfecciones en el tiempo para preservar esa sensación orgánica que respira. Esos detalles aportan una tensión humana a un entorno que, de otro modo, sería puramente digital.

Dentro de Reaktor, tendemos hacia instrumentos que ya llevan ADN analógico. TRK-01 Bass es un pilar, pero Monark es igual de importante en nuestra paleta. Sus envolventes y filtros se comportan como un Moog clásico, con esa redondez y saturación que dan peso al tema al instante. A menudo mezclamos sintes de Reaktor con texturas acústicas para que los elementos digitales hereden parte de esa calidez por contraste.
Esta combinación nos permite conservar la presencia física de los instrumentos reales incluso en una mezcla totalmente digital.
¿Cómo interactúan los instrumentos en directo y los equipos analógicos con vuestras capas digitales a la hora de mezclarlo todo?
Nos encanta crear un ecosistema híbrido en el que lo digital y lo analógico se retroalimentan de forma natural. Los instrumentos en directo como el Rhodes, la trompeta y el saxofón aportan una calidez familiar que conecta al oyente con algo humano. Cuando estas capas acústicas conviven con nuestros sintetizadores y texturas digitales, llevan todo hacia un terreno más emocional.

En la parte analógica, instrumentos como el Juno, Prophet Rev2, Moog Sub37 y varias cajas de ritmos nos aportan profundidad e imprevisibilidad: ligeras variaciones de afinación, deriva del filtro, ruido de fondo. Al combinarlos con Kontakt, Reaktor y otros plug-ins de NI, la mezcla se vuelve más amplia y rica. El contraste entre la limpia precisión digital y las imperfecciones analógicas ayuda a que el tema final se perciba vibrante, físico y multidimensional.

A menudo difumináis la línea entre interpretación y producción. ¿Se extiende esa filosofía a vuestra forma de abordar el diseño de sonido?
Totalmente.
Al tocar en directo, estamos improvisando constantemente, forzando los sonidos, desarrollando ideas y reaccionando el uno al otro. Esa espontaneidad a menudo desvela texturas o estructuras que no descubriríamos si solo trabajáramos dentro de un DAW. Así que la mentalidad del directo se traslada directamente al diseño de sonido: siempre buscamos ese momento de descubrimiento en el que algo imperfecto se convierte en algo hermoso.
Concebimos el diseño de sonido como la creación de un organismo vivo. Un patch no debería parecer estático; debe crecer, respirar, sorprender y evolucionar a medida que avanza el tema. Esa filosofía está muy presente en ‘11th Avenue’, que bebe mucho de la libertad de los clubes de jazz de los años 80, donde la música tenía espacio para expandirse y transformarse. Esa misma actitud guía hoy nuestro diseño sonoro digital: todo debe sentirse vivo, expresivo y un poco impredecible.
Tras experimentar con TRK-01 en “11th Avenue”, ¿veis a Reaktor adquiriendo un papel aún más central en vuestro proceso creativo para futuros proyectos?
TRK-01 se ha convertido prácticamente en nuestra herramienta principal para el bajo. Da en el clavo al combinar el modelado tímbrico de estilo analógico con un control moderno y preciso. La forma en que permite superponer modulación, distorsiones, envolventes y secuenciación nos brinda una línea de bajo cinematográfica y fluida, no meramente funcional. Tiene la pegada necesaria para la discoteca y, al mismo tiempo, el nivel de detalle para escuchar con auriculares, algo poco habitual.

Reaktor en su conjunto está ganando cada vez más peso en nuestro flujo de trabajo porque nos permite romper con plantillas predecibles. Su naturaleza modular invita a la experimentación, y ahí es donde suelen nacer nuestras mejores ideas. Así que sí, sin duda escucharéis más TRK-01 y más texturas basadas en Reaktor en nuestros próximos lanzamientos.
En resumen
El flujo de trabajo de Parallelle se basa en la intención y el tacto. TRK-01 se ha convertido en una pieza clave en el diseño de sus frecuencias graves, ofreciéndoles una base con presencia física que, al mismo tiempo, mantiene la flexibilidad necesaria para la producción moderna. Reaktor refuerza ese equilibrio ofreciendo libertad modular sin perder la musicalidad.
Sus directos siguen el mismo principio. Incorporan instrumentos reales como la trompeta, el Rhodes y el saxofón en sesiones que también integran los motores de bajo de Reaktor y la calidez de Monark. El resultado se percibe cohesionado y lleno de vida, uniendo la energía acústica con el control electrónico. Cada sonido desprende personalidad propia, moldeada tanto por el instinto como por la experiencia.
De cara al futuro, el dúo planea seguir ampliando este espacio híbrido. Afrontan cada proyecto como una oportunidad para explorar nuevas combinaciones y redescubrir el valor de la sencillez. Su objetivo sigue estando claro: crear música que se sienta humana, que emocione con intención y que conecte únicamente a través del sonido.