La composición de bandas sonoras (o film scoring) se refiere a componer música para una película, aunque también abarca otros medios visuales. Por lo general es instrumental, pero también puede incluir canciones e incluso efectos de sonido que son tan característicos y personales que acaban formando parte de la identidad sonora indispensable de la película.
En esta guía descubrirás los elementos esenciales de la composición para cine, el proceso a la hora de componer para películas y otros medios visuales como los videojuegos, y cómo convertirte en compositor de bandas sonoras.
Ir a estas secciones:
- ¿Qué es la composición de bandas sonoras?
- Elementos de la composición para cine
- El proceso de componer para cine
- Componer para videojuegos
- Cómo empezar a componer bandas sonoras
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¿Qué es la composición de bandas sonoras?
La composición de bandas sonoras es el proceso de crear música específicamente para películas u otros medios visuales. Implica componer piezas musicales originales para potenciar el impacto emocional, la atmósfera y la narrativa de una película. Quien compone trabaja en estrecha colaboración con la dirección para sincronizar la música con las escenas, captar el ambiente deseado y destacar los momentos clave.
Escribir música para el cine no es tan diferente de componer una pieza tradicional. Sin embargo, la principal diferencia al componer bandas sonoras es que la música y los sonidos deben estar al servicio de la narración, y puedes aprovechar los elementos ya presentes en las imágenes para inspirarte y guiarte a lo largo del proceso.
Veamos qué impacto puede tener la música en los medios visuales. Haz el siguiente experimento: entra en YouTube y busca algunas de tus escenas favoritas de varias películas. Luego, silencia el volumen por completo pero deja los subtítulos activados. Mientras ves la escena, lee los subtítulos en voz alta o intenta recordar cómo suenan en tu cabeza, pero sin reproducir ningún otro sonido. ¿Qué sensación te ha dejado? ¿Cuánta emoción de la historia se ha mantenido? ¿Cuánta se ha perdido y qué tan diferente se ha sentido respecto a como recordabas la escena?
Seguro que la respuesta es que la escena te ha parecido bastante diferente de como la recordabas.
Ahora busca otras escenas en las que no haya diálogo. Antes de darle al play esta vez, además de silenciar el audio original, busca en tu servicio de streaming favorito la lista de canciones que has escuchado recientemente, elige una de las últimas y reprodúcela sobre la escena, como si formara parte de la película. ¿En qué se diferenció esta experiencia de la versión sin sonido? ¿Cambió el sentido de la historia según la canción elegida? ¿Y si eliges otra canción distinta (quizás una que no conozcas, elegida al azar de una lista de reproducción) y vuelves a poner la escena? ¿Cómo influyó eso en la experiencia?
Como hemos descubierto con estos sencillos experimentos, es increíble el impacto que los efectos de sonido y la música pueden tener en el contexto de una historia o una escena de cine. La composición de bandas sonoras añade esa capa adicional de emoción y significado que nos aporta el sentido del oído. Ni siquiera hace falta ver una escena de cine para notar cómo los sonidos influyen en nuestra percepción. Basta con ponerse unos auriculares con cancelación de ruido y salir a dar un paseo. Aunque el componente visual parezca ocupar un primer plano en nuestro mundo, los sonidos pueden hacernos sentir de formas mágicas y misteriosas.
La banda sonora tiene la capacidad de potenciar la narración e impulsar la visión de la dirección, haciendo que la película nos llegue de formas nuevas. La música y los sonidos también permiten aportar sensación de fluidez y un ritmo determinado al paso del tiempo. En las películas, los acontecimientos suelen transcurrir en una línea temporal distinta a la de la vida real. A medida que el tiempo se expande y se contrae, la música puede ayudar a plasmar estos momentos que alteran el tiempo sosteniendo nuestra experiencia a través del flujo de sonidos o acontecimientos musicales.
Elementos de la composición para cine
Exploremos los elementos esenciales de la composición de bandas sonoras que te ayudarán a descubrir cómo convertirte en compositor para cine.
La música y el acompañamiento de un medio visual
Como acabamos de comentar, componer bandas sonoras requiere un medio visual al que la música acompañe. Puede ser cualquier cosa, desde una escena de una película o una cinemática de un videojuego hasta una obra de arte abstracto.
La música ayuda a transmitir el argumento y la emoción de la escena, y puede cambiar drásticamente en función de lo que ocurra en el medio visual.
La música para cine puede hacerse prácticamente con cualquier cosa. Existen infinidad de estilos y enfoques posibles para empezar a componer para la pantalla, y no todos implican escribir música en el sentido tradicional. Algunas bandas sonoras son más orquestales, mientras que otras se basan en paisajes sonoros más atmosféricos. Hay bandas sonoras interpretadas con instrumentos tradicionales y otras que se parecen más a una colección de canciones que a una obra compuesta de principio a fin.
Efectos de sonido y elementos electrónicos
La banda sonora también puede incluir efectos de sonido para aportar realismo, aumentar el suspense o transmitir emociones específicas en una escena. Se sincronizan meticulosamente con la música y las imágenes para resaltar momentos clave, reforzar la narración y sumergir aún más al público en el mundo de la película.
A menudo se integran en la partitura elementos de diseño de sonido, como efectos foley o ruidos ambientales, para complementar las imágenes y enriquecer la narración.
El uso de momentos específicos y del timing
Las bandas sonoras pueden cambiar instante a instante para hacer avanzar la historia. Esta escena de Jurassic Park (1993) incluye momentos de silencio, seguidos de repentinos chillidos y crescendos que ayudan a dar vida al ataque de los velocirraptores. Estas piezas se componen, arreglan y editan meticulosamente para garantizar que los sonidos adecuados suenen en el momento exacto.
Uso de temas musicales para anclar la trama y los personajes
Un elemento común a la mayoría de las bandas sonoras son los temas de anclaje. Estos temas musicales (por lo general melódicos, aunque también pueden ser una simple progresión de acordes o una textura concreta) son células musicales memorables y fáciles de asimilar que ayudan a guiar la narración conectando distintos personajes, lugares o situaciones con un motivo musical específico.
Una de mis bandas sonoras favoritas es la del legendario compositor Ennio Morricone para la película Cinema Paradiso de 1988. En el filme, el protagonista evoca el pasado al regresar a su pueblo natal en Italia tras años viviendo en EE. UU., donde ha triunfado como director de cine. Ennio compuso un tema distinto para cada etapa de la vida del personaje: desde su infancia temprana hasta la adolescencia, el paso a la madurez y, finalmente, su presente con el célebre y melancólico tema principal de la película. La música no solo es extraordinaria por sí misma, sino que pone la piel de gallina por cómo retrata cada etapa vital del protagonista. La partitura incluye instrumentos como el piano, el xilófono y la guitarra, acompañados en su mayor parte por una orquesta de cuerda, e incorpora también momentos en los que intervienen instrumentos de viento madera y metales puntuales para enriquecer el conjunto.
Ennio es una de las figuras más importantes de la música para cine, y te animo sin duda a profundizar en todo su catálogo de bandas sonoras. Hace poco se estrenó un maravilloso documental que repasa toda su trayectoria y muestra su evolución musical y la forma en que revolucionó la composición de bandas sonoras.
El proceso para componer bandas sonoras
Ahora que entiendes mejor el propósito que hay detrás de componer para cine, exploremos el proceso de composición y algunos consejos que te ayudarán a dar los primeros pasos.
1. Comprender la historia y la visión de la película
Entender la historia de fondo y la visión de la película u otro medio visual resulta fundamental a la hora de componer. Dicha visión influye en el género, el estilo, la instrumentación y los efectos que utilizarás para ayudar a narrar la historia.
Esto suele ocurrir en una reunión inicial con la dirección para hablar de la visión global, los temas y el tono emocional de la película. Durante este encuentro, es habitual ver primeros montajes o escenas del filme para hacerse una idea de su ritmo, ambiente y estilo, además de comprender los elementos visuales —como la fotografía, el montaje y los efectos visuales— que tu música puede complementar.
Si hay un guion disponible, conviene pedirlo para leerlo y asimilar bien la historia, los personajes y los arcos narrativos. Esto te ayudará a detectar momentos y dinámicas entre personajes que puedan verse reflejados en tu música.
2. Componer, grabar y arreglar la banda sonora
Una vez que tengas una idea clara de la historia y de la visión de la película, podrás empezar a experimentar con distintos motivos musicales, temas e instrumentaciones para dar con la paleta de sonidos adecuada para la película.
Estos ejemplos pueden convertirse en maquetas para presentarlas al equipo de la película y recibir comentarios con los que seguir trabajando. No te desanimes si a la dirección no le convencen tus primeras ideas. Componer bandas sonoras es un proceso muy interactivo y colaborativo, con muchas rondas de opiniones y revisiones hasta lograr que la música encaje a la perfección con la película.
Una vez que encajen los motivos, los temas y la instrumentación elegida, podrás empezar a escribir la música sobre la imagen.
Suele celebrarse una spotting session entre tú y la dirección para determinar en qué partes la música
debe sonar en la película. Así se pueden identificar momentos clave, puntos de inflexión emocional y transiciones donde la música tendrá mayor impacto.
Una vez definidos estos momentos y transiciones, puedes empezar a componer y arreglar la música de cada escena. Ten en cuenta el tempo, la dinámica y la orquestación para transmitir las emociones deseadas y respaldar la historia.
También crearás composer cues. Se trata de los fragmentos o piezas musicales individuales para una escena o momento concreto de una película. Cada cue suele corresponder a una escena, secuencia o pulso emocional específico del filme, y está concebida a medida para enriquecer la narración.
Descubre a continuación al compositor Alan Silvestri hablando del proceso de componer bandas sonoras para cine.
3. Orquestación e instrumentación
La orquestación y la instrumentación son facetas fundamentales de la composición. Según la envergadura y el presupuesto de la película, es posible que puedas colaborar con orquestadores para arreglar la música para diversos instrumentos o agrupaciones. Quienes se encargan de la orquestación seleccionan instrumentos y sonidos que complementan el ambiente y la atmósfera de cada escena, ya sea una orquesta completa, un conjunto más reducido, instrumentación electrónica o una combinación de estos elementos.
Si te encargas de toda la orquestación e instrumentación en solitario, puede parecer abrumador. Veamos algunas decisiones de orquestación que te servirán de inspiración para tu música.
Existen bandas sonoras clásicas, como la partitura original de John Williams para Star Wars, de carácter marcadamente sinfónico, con sección completa de cuerdas, percusión afinada, viento madera y metales. Estos universos musicales son ricos, llenos de matices y técnicamente muy complejos.
Pero no todas las películas ni todos los proyectos visuales necesitan un sonido orquestal completo. A veces, menos es más, y un planteamiento más minimalista puede resultar igualmente contundente y eficaz. Debemos inspirarnos en la historia y en las imágenes a las que acompañará nuestra música. No es de extrañar que Williams se sintiera inspirado para componer una música tan grandiosa y épica al poner banda sonora a batallas intergalácticas.
También hay películas cuya música apuesta por la austeridad sonora, lo que puede aportar a la historia una atmósfera muy íntima y evocadora.
Para empezar a elegir instrumentos para tu banda sonora, echa un vistazo a esta lista de bibliotecas de VST orquestales con recursos fantásticos para arrancar con una amplia paleta de VST orquestales con los que experimentar. Te proporcionarán una buena variedad de cuerdas, maderas, metales y percusión orquestal de sonido realista. También encontrarás una gran selección de VST de piano procesados de diversas formas.
Lo interesante de los pianos sintetizados y procesados, o los “pianos preparados” del mundo de la música de vanguardia, es que amplían las posibilidades sonoras de uno de los timbres más familiares de la música occidental. Cada vez que reconocemos el sonido de un piano, experimentamos una sensación de cercanía. El timbre es tan característico que permite traspasar con creces los límites a nivel sonoro sin perder esa sensación de familiaridad de fondo.
6. Edición y mezcla
Una vez creada tu banda sonora, arranca el proceso de mezcla y edición con montadores musicales, diseñadores de sonido, personal de ingeniería y otros perfiles.
Las pistas de diálogos y efectos de sonido se editan y finalizan antes de mezclar. Así se garantiza que la música se pueda mezclar en torno a los diálogos y los efectos sin tapar elementos sonoros cruciales.
Un montador o editor musical trabaja con tus cues para preparar las pistas de música de cara a la mezcla. Esto puede implicar editar fragmentos musicales individuales para adaptarlos a escenas concretas, ajustar tiempos y aplicar los cortes o transiciones necesarios para que encajen a la perfección con la imagen de la película.
7. Revisión final y cambios
Quien compone, quien dirige y el resto de colaboradores clave revisan la película con la música para asegurarse de que potencie la narración y encaje con la visión creativa de la obra. Se aplican los cambios necesarios a partir de los comentarios de la dirección, lo que puede suponer retocar la composición, la orquestación o la mezcla de la música.
Aspectos a tener en cuenta al escribir para instrumentos orquestales
Al principio, no te preocupes demasiado por los aspectos técnicos de los instrumentos, sus registros o sus limitaciones de ejecución. Suéltate y déjate llevar por tu instinto, deja que los instrumentos virtuales te inspiren y lleva tu música hacia donde sientas que debe ir en cada momento. Lo más probable es que, al trabajar en películas independientes, cortos de estudiantes de cine o proyectos modestos en general, no haya presupuesto para contratar músicos de sesión que interpreten la banda sonora. Por tanto, tu mejor opción será utilizar los mejores sonidos virtuales posibles a los que tengas acceso, y tirar de imaginación y creatividad para distribuir y superponer las pistas en capas de modo que suenen impecables de forma puramente digital.
Más adelante, cuando surja la oportunidad de trabajar con músicos reales, será imprescindible tener en cuenta las capacidades técnicas de los instrumentos para los que compongas. El registro, la velocidad, los tipos de intervalos viables (y los que no), e incluso qué notas son más fáciles o difíciles de afinar según el instrumento: todos son factores que pueden encumbrar o arruinar el resultado. Estas limitaciones no solo afectarán al resultado final de la grabación, sino que todo el proceso irá mucho más rodado si las tienes presentes.
Por mi experiencia personal arreglando música orquestal y de cámara, te animo a plantear tu primer proyecto con músicos reales pensando en un ensemble reducido y, si es posible, a contactar desde el principio con los instrumentistas que grabarán contigo. Así podrás consultarles, probar en persona diversas técnicas y revisar con antelación pasajes concretos de la partitura sobre los que tengas dudas.
Preparar las partituras debidamente con un programa de notación dedicado también es fundamental. Según tu flujo de trabajo, a veces las pistas MIDI que suenan cohesionadas y musicales en el DAW se ven extrañas o del todo ilegibles al exportarlas a un formato de partitura. Las síncopas, los ritmos irregulares y las frases que sonaban naturales y fluidas pueden traducirse en partituras que parecen notación vanguardista ultracompleja. Y no conseguirás nada bueno de unos músicos de sesión descontentos con el material que les entregues. Al fin y al cabo, lo que buscamos es hacer realidad nuestra visión musical y que cobre vida con toda su magia en el estudio.
Los VST son maravillosos porque nos permiten explorar infinidad de sonidos a golpe de clic, los instrumentos suenan con una afinación impecable y son capaces de interpretar las líneas más exigentes casi sin despeinarse. Con un ensemble en vivo no podemos dar eso por sentado, al menos en la mayoría de los casos. La magia de los instrumentos reales tocados por personas es innegable, pero debemos intuir cómo se traducirá a una grabación real lo que hemos maquetado con VST. La única forma de adquirir esa experiencia y anticipar cómo sonarán las cosas es poniéndose a ello. Empieza poco a poco: experimenta, prueba, corrige y repite. Cada nuevo proyecto te pillará con mejor preparación. No hay atajos, pero, al mismo tiempo, escuchar tu música interpretada en directo tiene la magia de ponerte la piel de gallina.
Componer para videojuegos
La principal diferencia entre componer para videojuegos y hacerlo para cine (u otros medios audiovisuales de duración fija) es que los juegos plantean requisitos musicales tanto narrativos como no narrativos. El peso del componente narrativo variará según el tipo de videojuego, pero es habitual encontrar cinemáticas que cuentan la historia antes de empezar a jugar. Estas escenas pre-renderizadas llevan una música que suena igual en cada partida. Podemos verlas como pequeños cortometrajes y tratarlas como tales a la hora de componer.
El resto de la música del juego cumple otra función: acompañar y servir de marco sonoro a la experiencia interactiva. Como quien juega tiene total libertad para moverse por el entorno a su antojo y cada partida se desarrolla a un ritmo ligeramente distinto, la música debe adaptarse a esos cambios y adoptar un carácter reactivo y dinámico.
Por lo general, la música se desglosa en subpartes o “stems”, que luego dispara un motor de juego como Unreal o Unity. En función de las decisiones y acciones del jugador, el motor reproduce distintas capas de la música, generando bucles y añadiendo sonidos incidentales y pasajes para crear una experiencia musical en constante evolución, lo que refuerza la inmersión y la conexión con el juego.
Debido al carácter no lineal de las composiciones para videojuegos, la música suele abordarse como un puzle. Ciertas secciones pueden funcionar en bucle o intercambiarse con otras para amoldarse a la acción del juego. Las diferentes capas musicales (o stems) también pueden cambiar según lo que ocurra en pantalla, aumentando o reduciendo su densidad al sumar o restar elementos a la mezcla. Algunas capas tendrán un papel de base o acompañamiento, con colchones armónicos como pads, acordes o texturas ambientales, mientras que otras serán más melódicas. Todas estas capas deben ser capaces de convivir entre sí y, en ocasiones, funcionar por separado.
La colaboración entre quienes componen y quienes programan el audio del juego es clave para implementar estas capas. Hace falta experimentar muchísimo para poner a prueba los distintos escenarios sonoros e interactivos. Los ajustes y las revisiones constantes son habituales y, en cierto modo, recuerdan a la forma en que colaboran la dirección y la composición en las fases finales de una película, cuando se recortan o añaden escenas y hay que adaptar la duración de varios fragmentos de la partitura a la imagen.
Cómo iniciarse en la composición de bandas sonoras
1. Crea un portfolio
Como ocurre en la mayoría de los campos creativos, el portfolio lo es todo. No hay mejor inversión que dedicar tiempo y esmero a construir un catálogo de trabajos que demuestre de qué eres capaz y dé a conocer tu estilo y tu sonido al resto del mundo.
Es un poco el dilema del huevo y la gallina: queremos conseguir nuestro primer encargo de banda sonora para ganar experiencia, pero no tenemos trabajos que mostrar a potenciales clientes o colaboradores. Al empezar, es perfectamente válido tomar películas existentes y reorquestar escenas concretas con tu propia música. Incluso puedes coger un cortometraje que te encante, componer una banda sonora totalmente nueva con tu estilo y enseñarla como muestra de tu visión musical y sonora.
En el mundo de los videojuegos es muy común que, antes de contratarte para un proyecto, te pidan poner música a una cinemática de introducción para ver cuál sería tu propuesta musical. Así que no tengas miedo de componer sobre escenas ya creadas que te inspiren y empieza a crear tus primeras piezas de portfolio de este modo.
2. Haz contactos en el sector
El siguiente paso es hacer contactos. Las relaciones personales y formar parte de una comunidad creativa son formas potentísimas de ampliar tu alcance. Cuéntale a la gente en qué andas trabajando; nunca sabes quién puede estar a tiro de piedra de tu círculo más cercano.
Asistir a festivales de cine y conectar con escuelas o facultades que impartan estudios audiovisuales son formas estupendas de sumergirte en la escena local y empezar a dar a conocer tu nombre. Los estudiantes de cine suelen tener que rodar cortometrajes a lo largo de sus estudios, y esos proyectos necesitan música. Sus presupuestos suelen ser muy ajustados, pero a alguien que esté empezando le brindan una gran oportunidad de meter la cabeza y acumular sus primeras experiencias cercanas al mundo real.
3. Participa antes en otros proyectos de sonido para cine
En proyectos de estudiantes no es raro que le pidan al compositor encargarse también del foley o del diseño de sonido de la película. Al principio, todo debe tomarse con entusiasmo y como una oportunidad de aprendizaje. El diseño de sonido es apasionante y tiene el poder de aportar a la acción y a los escenarios de las distintas escenas una dimensión realista y casi tangible. Puede que descubras que te fascina, y se convertirá en una vía fantástica para estar dentro del mundillo audiovisual y conectar con más profesionales del sector mientras sigues engrosando tu portfolio musical.
Aunque los primeros proyectos en los que compongas no estén especialmente bien pagados, te darán la oportunidad de empezar a forjar una identidad musical propia. Al no haber tanta presión, es tu momento de crear música con sello propio. Es la ocasión perfecta para asumir riesgos y apostar al cien por cien por las ideas musicales que de verdad te motiven. Recuerda siempre que tu portfolio tiene, en cierto modo, tanto peso como tu currículum, por lo que las semillas musicales que plantes en esta etapa acabarán dando fruto en futuros proyectos acordes con el estilo y la sensibilidad que demuestres en él.
4. Busca un mentor o mentora
No subestimes el valor de contar con una guía experimentada. Un mentor (o varios) puede ser un recurso impagable para orientarte en la dirección correcta y conectarte con oportunidades en el momento adecuado. Los mentores no solo son una fuente magnífica de inspiración y asesoramiento artístico mientras buscas tu propia voz, sino que también te aportan perspectiva a partir de su experiencia en la industria. Hay infinidad de códigos no escritos y formas de acercarse a otras personas en busca de colaboraciones que solo puede transmitirte alguien con tablas que ya haya recorrido ese camino.
Los festivales de cine pueden ser un lugar idóneo para presentarte a compositores consagrados y, tal vez, dar con esa persona que te sirva de guía y arroje algo de luz sobre tu trayectoria. No dudes en saludar, contar que te apasiona este mundillo y proponer con educación tomar un café más adelante. Habrá perfiles más accesibles que otros, pero, si te acercas con amabilidad, la gente suele estar dispuesta a echar una mano.
Y si buscas más consejos, echa un vistazo a nuestras entrevistas con compositores de cine de terror y de cine y televisión en general.
5. Estudia teoría musical y composición
Puede sonar bastante obvio, pero hoy en día conviene recordar que las cosas llevan su tiempo, y no pasa nada. La música y la composición no son disciplinas que se dominen en una tarde ni en una semana. Por supuesto, formarse en un arte como este es el viaje de toda una vida, pero asimilar unos conceptos y herramientas básicos para dar los primeros pasos supone un trampolín imprescindible.
Lógicamente, no todo el mundo tiene la oportunidad o los medios para acudir a un conservatorio o escuela de música, pero dedicar tiempo a asimilar conceptos de teoría musical, notación y solfeo está al alcance de cualquiera de muy diversas formas y a distintos ritmos.
Si tienes la suerte de estudiar en una escuela de música, la experiencia es impagable. Sumergirte en un entorno en el que todo el mundo a tu alrededor comparte el entusiasmo por aprender sobre los mismos temas puede ser un motor fantástico para aprender y explorar. Además, asistir a una escuela de música te abre las puertas a colaborar con instrumentistas deseando participar en nuevos proyectos, tanto si cuentas con presupuesto para contratarles como si no. Es una forma excelente de empezar a crear un porfolio con sonidos orgánicos de verdad.
Empieza a componer para cine
Tanto si cuentas con experiencia en la composición y quieres empezar a explorar la creación de bandas sonoras como una nueva vía expresiva y profesional, como si estás dando tus primeros pasos en la música y te fascina el mundo del cine y los videojuegos y cómo participar desde el plano musical, empezar a concebir la música como una capa de apoyo a la narrativa general es el primer paso y la actitud perfecta para meterte de lleno en la composición cinematográfica.
Aprovecha la paleta de sonidos y herramientas disponibles hoy en día para dar rienda suelta a tu chispa creativa. Mira más películas, juega a más videojuegos, intenta sumergirte en el mundo de los personajes e imagina todos los paisajes sonoros que puedes crear para elevar las historias.
El cielo es el límite: si puedes escucharlo en tu mente, ¡puedes hacer que suene por los altavoces!