La composición musical consiste en organizar los sonidos de tal manera que creen una narrativa a lo largo del tiempo. La música lleva al oyente en un viaje desde el silencio absoluto hasta el primer sonido y a través de una trayectoria completa de vuelta al silencio. La manera en que abordemos lo que sucede en medio ofrece infinitas posibilidades, y no hay formas correctas o incorrectas de afrontarlo.
En este artículo, aprenderemos a componer música a partir de los fundamentos de la composición, como la armonía, los acordes, el desarrollo de ideas musicales y el arreglo.
Salta a estas secciones:
- ¿Qué es la composición musical?
- Entiende los elementos básicos de la música
- Desarrollar ideas musicales
- Comprender la instrumentación y la orquestación
- Arreglar tu composición
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¿Qué es la composición musical?
La composición musical es el proceso de crear piezas musicales originales mediante la organización intencionada de sonidos, melodías, armonías y ritmos. Los compositores buscan despertar emociones y transmitir mensajes al público a través de sus creaciones.
La composición puede ser un juego sin límites de posibilidades e interacciones. Podemos empezar con una sola nota en el piano. Por ejemplo, el do central, simplemente solo. Podemos pulsar la tecla una vez, mantenerla pulsada y esperar. Esperar hasta que el sonido se apague por completo. Esa podría ser toda nuestra pieza musical, y no pasaría nada.
Quizá podamos intentar algo más atrevido y, en lugar de tocar la nota una sola vez, repetirla una y otra vez para generar una sensación de pulso y ritmo. Bueno, eso ya resulta mucho más interesante que tocar una sola nota. ¿Y si además eligiéramos una segunda nota como punto de partida? Podríamos tocar el do central tres veces y luego tocar un re en ese cuarto tiempo. Eso plantearía una pregunta que podría responderse tocando un do de nuevo en el quinto tiempo. ¡Y así cerramos el círculo!
Acabamos de crear una pequeña composición musical. Sí, con solo dos notas. A partir de aquí podemos ir construyendo para crear piezas musicales más largas y con un desarrollo más amplio.
Sin importar el género, las composiciones creadas para conmover al oyente comparten ciertos elementos distintivos, con independencia de su estilo o de cómo se concibieron. Me refiero a los elementos más globales:
- Una forma que mantenga el interés y tenga sentido en relación con su propia duración. Básicamente, una duración que resulte orgánicamente justificada.
- Un buen equilibrio entre tensión y resolución, y el uso de estos dos agentes contrapuestos de modo que evoquen emociones y sensaciones en quien escucha.
- El uso de texturas y colores (elementos de instrumentación y producción) que respalden la narrativa musical.
Entiende los elementos básicos de la música
Es importante desenvolverse bien en los diferentes aspectos de la música desde un punto de vista teórico. Esto nos proporciona un amplio abanico de herramientas y opciones a la hora de idear nuevos conceptos y desarrollar las primeras chispas de inspiración de un tema.
Armonía
La armonía tiene que ver con cómo se relacionan las notas entre sí y cómo podemos crear una sensación de pertenencia a un espacio musical compartido mediante grupos de notas. A menudo oímos el término “escalas”, que son una serie de notas correlativas y sucesivas que juntas crean un esquema musical para definir una sensación de hogar.
Por ejemplo, las notas de la escala de do mayor: C-D-E-F-G-A-B. Al tocar todas estas notas una tras otra y detenernos en cada una a medida que subimos o bajamos, nos daremos cuenta de que cada nota nos produce una sensación ligeramente distinta, sobre todo en relación con las notas inmediatamente anteriores y posteriores de la escala.
Dentro de este grupo de notas, algunas tienden a querer desplazarse hacia otras notas de la escala. Si tocamos estas notas en el diapasón de una guitarra, observaremos que la “distancia” entre las distintas notas de una escala no siempre es la misma. En algunos casos tenemos que movernos en intervalos de dos trastes y, en otros, de un solo traste. Las que están más próximas, a un traste de distancia, tienden a atraerse con mayor fuerza. Piensa en los imanes y en cómo aumenta su fuerza de atracción a medida que los acercamos entre sí.
Aunque los motivos de por qué las notas parecen gravitar hacia un determinado polo de atracción son bastante distintos, podemos recurrir a esta metáfora para recordar que los saltos más pequeños de la escala son los que concentran la mayor parte de la “tensión de atracción”.
En música, a esto lo llamamos resolución de la tensión: pasar de un punto con mucho impulso a un punto de reposo. En el contexto de la escala de do mayor, esto se produciría al desplazarse hacia arriba de B a C y hacia abajo de F a E.
Acordes
El tipo de acorde más básico que podemos construir se llama tríada. Una tríada consta de una nota fundamental y dos terceras superpuestas sobre ella.
Por ejemplo, la tríada del acorde de do mayor (C) consta de su fundamental (C), una tercera mayor (E) y una quinta justa (G). La diferencia entre las tríadas mayores y menores radica en la “distancia” entre la fundamental y la tercera. Una tercera mayor abarca dos tonos completos o cuatro semitonos, mientras que una tercera menor comprende un tono y medio o tres semitonos. En una escala mayor encontramos tres tríadas mayores, tres tríadas menores y una excepción: el séptimo grado, que forma una tríada “disminuida”. Se denomina “disminuida” no solo por contar con una tercera menor, sino también con una quinta disminuida, siendo la distancia entre ambas terceras una tercera menor.
En cualquier escala mayor encontraremos esta misma configuración. Aquí puedes ver cómo quedaría tomando como ejemplo la escala de do mayor:

Cuando pasamos de un acorde a otro, creamos una progresión de acordes.
Algunos de estos alejamientos de nuestro punto de reposo inicial se perciben más “lejanos” que otros. Siempre me gusta recurrir a esta analogía: piensa en cuando eras pequeño y hacías tus primeros viajes en autobús en solitario, tal vez para ir al colegio o a casa de algún amigo cercano. Eran trayectos cortos en los que probablemente no recorrías una gran distancia y, aunque te alejabas de casa, seguías sintiendo la tranquilidad y la familiaridad de tu barrio, ya que conocías todas las referencias del camino y mantenías esa sensación de “hogar” y pertenencia. Esto es justo lo que se siente al pasar de un acorde a otro dentro de una misma escala.
Ahora bien, tal vez recuerdes algunos de tus primeros viajes de larga distancia, cuando hacías una escapada de fin de semana a otra ciudad o tomabas un autobús para visitar a la familia en otra provincia o comunidad durante el verano. Aunque eso siempre resulta emocionante porque te adentras en un lugar nuevo lleno de cosas por descubrir y dejarte sorprender, la morriña o la nostalgia de casa empieza a intensificarse cuanto más lejos vas y más tiempo pasas fuera. Esto es muy similar a lo que ocurre cuando introducimos acordes con notas ajenas a la escala en la que nos encontramos.
Quizá utilicemos un par de acordes que no pertenecen a la escala y nos demos una pequeña escapada durante un rato. Cuanto más “lejos” nos alejemos de nuestro centro tonal, “nuestro hogar musical”, más intensa será la sensación de “alivio” y resolución de la tensión al regresar.
Establecer una sensación de hogar lleva tiempo, pero hay formas de acelerarla. Si nos aseguramos de “deshacer el equipaje” musical de inmediato y exploramos las distintas formas que puede adoptar ese hogar, asentaremos el centro tonal y la sensación de pertenencia con mucha mayor rapidez. A partir de ahí, podremos asumir más riesgos y llevar los límites musicales hacia otros terrenos para crear contraste y, después, regresar con todavía más fuerza.
Veamos un ejemplo musical: si estamos en la tonalidad de do mayor, esto podría traducirse en empezar en un acorde de C mayor, pasar después al reconfortante pero ligeramente distante cuarto grado, el F mayor, y regresar a C. Para rematar, podemos dirigirnos al quinto grado, un poco más inquietante, tocando el acorde de G mayor, para después volver a C y recuperar la tranquilidad. Y podemos repetirlo una y otra vez. ¿A que no sabes qué? ¡Acabas de aprender a tocar los acordes fundamentales del blues! ¿A que mola?
Ritmo
El ritmo en la música hace referencia al patrón de sonidos y silencios a lo largo del tiempo, dando forma al groove, al pulso y al fluir de una pieza. Siempre que creamos una obra, tocamos acordes y melodías o incluso añadimos texturas no tonales, lo hacemos inevitablemente en el dominio del tiempo.
Podemos aprovechar el tiempo para jugar con la interacción y la presentación de las notas. Podemos experimentar manteniendo acordes durante periodos prolongados mientras melodías más rápidas y “rítmicamente activas” se llevan el protagonismo. O quizá suceda al revés: la melodía puede ser muy larga y sostenida, con poco movimiento “rítmico”, mientras los acordes de acompañamiento asumen un papel más rítmico y contribuyen a impulsar la música hacia adelante.
El ritmo abarca muchísimo y es fundamental comprender que prácticamente cualquier aspecto de la música implica ritmo. Solemos pensar en baterías o percusiones al escuchar la palabra ritmo, pero la realidad es que la música es ritmo.
Te animo a pasar toda una tarde improvisando con solo un par de notas en la guitarra o el piano para comprobar cuánta variedad puedes generar jugando con el tiempo y con el uso de esos pocos elementos. Al aprovechar las posibilidades que nos brinda el ritmo, podemos llegar a crear sonidos radicalmente distintos y despertar todo un abanico de emociones con solo modificar el ritmo de la música. Prueba a experimentar creando contraste al alternar la velocidad de un arpegio, entrando y saliendo de fase respecto a los tiempos fuertes, o simplemente ampliando y reduciendo partes de las progresiones de acordes. ¡Te toca a ti descubrir lo que puede pasar!
Timbre
El timbre en la música es el “carácter” de un sonido y está ligado a una combinación de elementos que aportan esa cualidad particular a la huella sonora de un instrumento.
Las cosas pueden volverse algo imprecisas cuando intentamos describir el timbre de un instrumento con palabras que habitualmente no guardan relación con el sonido. Por ejemplo, podríamos decir que el timbre de una trompa tiene una cualidad aterciopelada. ¿Qué significa eso en términos técnicos? El terciopelo es un tejido muy suave y normalmente más grueso que, al deslizar los dedos sobre él, nos transmite la sensación de acariciar a un animal de pelaje sumamente suave. ¿Qué relación guarda esto con el sonido? Cuesta explicarlo, pero este es el tipo de palabras que empleamos para describir el timbre, y parece que funciona.
Entre los aspectos más científicos que puedes investigar si quieres profundizar a nivel técnico —y que ayudan a comprender por qué los instrumentos suenan como suenan— están la serie de armónicos, cómo los distintos materiales y formas de vibración generan configuraciones diferentes, y el estudio de la envolvente de los distintos instrumentos y su impacto en el modo en que los percibimos.
Déjame compartir contigo algunas de las decisiones de timbre e instrumentación que tomé para mi tema “Love In A Time Warp”. Esta canción nació y se compuso durante un viaje para visitar a un buen amigo chelista que vive en el desierto de Tucson (Arizona), rodeado de cactus gigantescos y paisajes que parecían sacados de una película de ciencia ficción. Había arena y polvo flotando en el aire; los cielos se teñían de una mezcla indescriptible de naranja y fucsia, y el calor era tan sofocante que nos obligaba a caminar más despacio que nunca.
Miré a mi alrededor e intenté utilizar los instrumentos que tenía a mano para evocar aquel paisaje.
- Escucha la batería: percibirás un carácter vintage y polvoriento combinado con el slap-back delay con eco que puse en los overheads. Ese eco evoca los sonidos desolados y resonantes de los valles abiertos entre montañas repletos de cactus. La guitarra acústica principal también tiene un tratamiento parecido, y se aprecia claramente si escuchas el rasgueo inicial en la introducción.
- Escucha las capas de coros vocales que, junto con las guitarras eléctricas dobladas con chorus, crean el riff principal de la canción. Al final de las frases vocales, notarás cómo caen, casi derretidas por el calor.
- El sonido de los sintetizadores que entran durante las secciones B del tema tiene un aire retroespacial que te transporta y ayuda a generar contraste entre las secciones, a la vez que resalta esa sensación de atemporalidad que describí al estar inmerso en el desierto.
- Por último, durante la explosión final del doble estribillo de la canción, sentí que quería incluir una contramelodía a la voz principal y aportar un elemento muy orgánico a la mezcla. También quería resaltar la sensación de amistad y conexión que dio pie al viaje que inspiró el tema. Por eso se escucha un conjunto de violonchelos trazando un contrapunto a lo largo de toda esa sección.
Por supuesto, el significado detrás de todo esto es más personal para mí de lo que probablemente lo sea para quienes lo escuchen. Pero, una vez más, la percepción del timbre puede ser una experiencia muy única y personal. Espero de verdad que sientas algo de esa buena energía de nuestra amistad a través de esas líneas de violonchelo.
Desarrollar ideas musicales
Desarrollar ideas musicales en la composición es fundamental para aportar profundidad y coherencia a una pieza. Permite a los compositores explorar variaciones, transiciones y expansiones de sus temas iniciales, enriqueciendo la narrativa musical. Para empezar a trabajar con tus ideas musicales, exploremos cómo desarrollarlas a partir de escalas.
1. Moverse dentro de la escala
Una de mis cosas favoritas es explorar las opciones que surgen al usar solo unos pocos acordes e invertirlos. ¿Qué significa eso? ¿Es como el negativo de una foto? Bueno, no exactamente. En música, y al hablar de acordes, las inversiones se parecen más a girar una imagen y ponerla boca abajo. Seguirá siendo la misma imagen, con los mismos colores y elementos, pero el foco de nuestra atención cambiará, y nuestra percepción de lo que tenemos delante podría ser ligeramente distinta.
Tomemos los mismos acordes que tocamos para el ejemplo de definir nuestro centro tonal en una tonalidad. Tenemos el I, el IV y el V. Si los tocamos como tríadas, cada acorde tiene tres notas y, por tanto, podemos obtener tres opciones para cada uno. La posición principal o por defecto será la “posición fundamental”, lo que significa que el acorde tendrá la nota sobre la que se construye como nota más grave. Luego encontramos la primera inversión, que tendrá la tercera en el bajo, y después la segunda inversión, con la quinta en el bajo.
Ahora ya no tenemos tres acordes, sino nueve opciones distintas con las que jugar. ¿No es increíble? Se puede hacer muchísimo con muy poco. Es como pensar: ¿cuántas recetas diferentes tienen la harina y el agua como ingredientes principales? Demasiadas para contarlas.
En este ejemplo, hasta el compás 13, toqué únicamente tríadas de acordes mayores de Do, Fa y Sol en diferentes inversiones. A partir del compás 14, introduje algunos acordes que no pertenecen a la escala de Do mayor para mostrarte cómo crear contraste incorporando nuevos colores. Como ya habíamos establecido una buena sensación de hogar con algunos elementos básicos, el contraste de los nuevos acordes se percibe con mucha más fuerza.
2. Salirse de la escala
Otra forma de desarrollar ideas musicales consiste en ampliar nuestras elecciones sonoras más allá de los sonidos contenidos en una escala. Podemos elegir colores y sonidos que pertenecen a otras escalas o a diferentes matices derivados de la escala principal con la que empezamos.
La situación más habitual en la música pop es tomar prestadas notas de la versión menor de la escala. Para convertir una escala en menor, decimos que “bajamos” los grados tercero, sexto y séptimo de la escala. Esto significa que les añadimos un bemol o bajamos esos sonidos un semitono.
En nuestra conocida tonalidad de Do, esto implicaría tener un Mib, un Lab y un Sib en lugar de Mi, La y Si.
La escala se formaría entonces como Do-Re-Mib-Fa-Sol-Lab-Sib.
Al hacer esto, obtenemos acordes diferentes con los que experimentar. La magia de este “préstamo” modal radica en que podemos cambiar la escala a menor o mayor en cualquier momento, introduciendo nuevos matices en nuestra composición.
Un gran ejemplo de esto es la canción “Michelle” de The Beatles. Abre la estrofa con un contundente acorde de Fa mayor, situándonos en lo que parece una canción en la tonalidad de Fa mayor, pero rápidamente introduce acordes de la escala de Fa menor. Y luego, en cierto punto, regresa a Fa mayor. Con esto consigue crear un tono agridulce y melancólico en torno a la letra y la melodía.
En este caso, la melodía utiliza notas de la escala menor a medida que se producen los cambios de acorde. A veces encontramos canciones con melodías que no definen con tanta claridad el carácter menor o mayor de la tonalidad, y eso puede suponer una gran oportunidad para jugar con ambos grupos de acordes y cambiar la armonía subyacente.
Si prestas atención al final de un tema de jazz, muchas veces escucharás al pianista tocar una serie de acordes adicionales improvisados por debajo de una nota final larga y sostenida de la voz, con el fin de aportar un extra de adorno y dramatismo antes de que termine la canción. Lograr esto con fluidez exige bastante práctica, pero básicamente lo que ocurre es que el pianista escucha la nota sostenida y añade acordes que tal vez no pertenezcan a la tonalidad principal, pero que encajan con la melodía, creando así un pequeño viaje armónico para esa frase final.
3. Introducir el cromatismo
El concepto de cromatismo tiene que ver con los cambios de color que obtenemos al movernos por semitonos. Al movernos en semitonos contiguos, es inevitable entrar y salir de nuestra escala principal, explorando todas las opciones intermedias. Si hacemos eso, encontramos lo que llamamos la “escala cromática”.
Aquí tienes un ejemplo de mi propia faceta de composición para ilustrar el cromatismo. Estaba jugando con acordes de séptima. Un acorde de séptima es una tríada a la que se le añade una tercera más en la parte superior.
Si tomamos nuestra tríada de Do mayor, para que se convierta en un “Do mayor 7” añadimos la nota Si, que es una tercera mayor por encima de la quinta, y el acorde quedará formado por Do-Mi-Sol-Si.
En ese momento yo no estaba en la tonalidad de Do. La verdad es que no pensaba en ninguna tonalidad en particular. Simplemente desplazaba acordes de séptima a lo largo del mástil y reaccionaba a cómo sonaban unos junto a otros. Alternaba acordes de séptima mayor con acordes de séptima menor. Recuerdo haber empezado en un Solb Maj7 y luego bajar un semitono hasta Fa menor 7.
Después tomé esa idea y la convertí en una secuencia: subí un tono entero y repetí el movimiento empezando desde Labmaj7 hacia abajo hasta Solm7. Por último, como la sensación era buena y nos encantan el equilibrio y las cosas que cierran el círculo, volví al principio y toqué de nuevo de Solb Maj7 a Fam7. En ese punto, resolver al acorde final de Mib era una necesidad absoluta.
En este caso, la canción está claramente en Mib mayor. El único acorde que no pertenece a la escala de Mib mayor es el Solbmaj7, que se toma prestado de la escala de Mib menor.
El cromatismo estricto no llega a darse del todo en esta situación, ya que hay un tono entero entre Fa y Mib que nos devuelve a Mib mayor, ¡pero se queda muy cerca! Y el hecho de que la progresión parta de un Solb hacia un Fa mediante un paso cromático hace que toda la progresión suene con un punto más de color de lo que realmente tiene.
Aquí tienes los acordes de la intro y de la estrofa, que siguen la misma estructura:
Comprender la instrumentación y la orquestación
La instrumentación desempeña un papel crucial a la hora de dar forma al ambiente, la textura y el sonido general de una composición. La elección de los instrumentos determina la paleta tímbrica y las características sonoras, lo que permite a los compositores evocar emociones concretas y transmitir sus intenciones musicales.
Además, valorar con detenimiento la instrumentación permite equilibrar y empastar las diferentes voces dentro del conjunto, creando profundidad armónica y textural.
Al plantearte la orquestación y la instrumentación de tu composición, aquí tienes algunas pautas que pueden ayudarte:
- Ten en cuenta las cualidades sonoras de cada instrumento: Piensa en el timbre, el registro y las posibilidades expresivas de cada instrumento de tu conjunto para lograr un sonido equilibrado y cohesionado.
- Experimenta con distintas combinaciones: Explora cómo interactúan los diferentes instrumentos entre sí y cómo sus timbres se empastan o contrastan para conseguir el ambiente y la textura deseados en tu composición.
- No pierdas de vista la parte práctica: Ten en cuenta la disponibilidad de los instrumentos, el nivel técnico de los intérpretes y la logística de los espacios donde se tocará al seleccionar la instrumentación, de modo que resulte viable y accesible.
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Arreglar tu composición
Hacer arreglos implica tomar las ideas musicales desarrolladas e imaginar su estructura de canción, su instrumentación o su estilo. Elementos como la armonía, la melodía, el ritmo y la orquestación pueden servir para crear una versión más definida de la composición.
El objetivo del arreglo suele ser potenciar el impacto de la obra musical.
Aunque disponemos de una guía completa sobre arreglos musicales, aquí tienes algunos consejos útiles para dar tus primeros pasos:
- Empieza con una comprensión clara de tus ideas musicales: Analiza la estructura, la melodía, la armonía y el ritmo para identificar los elementos clave que quieres conservar o modificar.
- Experimenta con diferentes instrumentaciones y voicings: Piensa en cómo los distintos instrumentos o voces pueden resaltar facetas diversas de tu composición y crear el ambiente o la atmósfera deseados.
- Céntrate en el equilibrio y la dinámica: Presta atención a la interacción entre las diferentes partes, asegurándote de que cada voz o instrumento tenga su momento para destacar mientras contribuye a la coherencia y unidad globales del arreglo.
Empieza a componer música
Ahora que comprendes mejor la composición musical, es momento de que elijas algunos de tus sonidos favoritos y empieces a experimentar con todas estas ideas. Comienza con unas pocas notas de la escala y comprueba de qué eres capaz. Márcate un marco de trabajo delimitado para aprender a aprovechar al máximo tus recursos. A partir de ahí, da el salto a la escala completa. Empieza a construir acordes con tríadas y, por último, añade más matices con séptimas o con cualquier otra nota que te resulte sugerente.
No hay elecciones correctas o incorrectas. Se trata de afinar el oído y seguir tu instinto. Dejaré que el genial Claude Debussy cierre esto con una de mis citas musicales favoritas:
“No hay teoría. No hay más que escuchar. El placer es la ley. Amo la música con pasión. Y porque la amo, intento liberarla de tradiciones estériles que la asfixian. Es un arte libre que brota: un arte al aire libre, sin límites como los elementos, el viento, el cielo, el mar. Jamás debe encerrarse y convertirse en un arte académico”.
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